
La verdad es que los sevillistas llevamos unos años de celebraciones continuas. En este caso han sido los "niños" los que, por segundo año consecutivo, han traído la Copa del Rey a las vitrinas del Sánchez Pizjuán. Desde luego han hecho honor a Labandón con su evangelio y el "dicen que nunca se rinde". En el minuto 95 empataba Rodri. Ese chaval al que todos conocen a la perfección ahora. Yo no. No sé quiénes son apenas los jugadores del filial, menos los del juvenil. Pero es un chaval que marcando el empate abrazaba su camiseta y su escudo como si le fuera la vida en ello. Un chaval de 18 años que en la prorroga anotaba el gol de la victoria y estallaba de júbilo, alegría, adrenalina y ansias. Ansias por estar en un primera división. En el suyo. No en otro. Y en estos tiempos de florentinos, cristianos, kakás y crisis mundial uno se pregunta por qué no mirar el producto interior bruto. Nuestra cantera tiene fama nacional. Vamos a aprovecharla con este tipo de jugadores. Con un Alfaro que vuelve como hijo pródigo o como Lolo que emigró para buscarse un futuro mejor.
Enhorabuena a los chavales. Con este tipo de jugadores Jiménez puede tener un grato problema para la pre temporada.
Foto extraida de www.eldesmarque.com